DoorDash dejó de alquilar el cielo a otros. En su evento anual de producto, la compañía presentó DoorDash Air, su propio sistema de reparto con drones, que incluye la aeronave, la infraestructura en tierra y el software que asigna los pedidos. Hasta ahora la plataforma se apoyaba en operadores externos como Wing y Flytrex; a partir de ahora también volará con hardware propio.
El primer piloto será en el norte de California, en la zona de East Bay, «en los próximos meses», sin ciudad ni fecha concretas. Entre los socios iniciales están Chipotle Mexican Grill, Popeyes Louisiana Kitchen y el restaurante local Momo N Curry.
De los socios a DoorDash Air: el reparto aéreo pasa a ser propio
DoorDash lleva años probando el reparto aéreo con terceros: trabajó con Wing —el brazo de reparto con drones asociado a Google— y con Flytrex en la zona de Dallas-Fort Worth. La novedad es el grado de control. La empresa obtuvo el certificado de operador aéreo Part 135 de la FAA el pasado 29 de julio y ahora suma su propia aeronave, su infraestructura y su software.
La compañía insiste en que los socios no desaparecen. Un portavoz, Eli Scheinholtz, señaló a FreightWaves que Wing y Flytrex seguirán volando para DoorDash, y que contar con más de una opción de aeronave aporta resiliencia a la red. Harrison Shih, responsable de DoorDash Air, enmarcó el objetivo así: que cualquier negocio local pueda llegar a sus clientes por aire.
Seis rotores, un cabrestante y menos de cinco minutos
El dron es un multirrotor con seis hélices montadas en los extremos de dos brazos transversales y un fuselaje blanco y puntiagudo. DoorDash dice que gira las hélices despacio y las separa de los brazos estructurales para reducir vibración y ruido. La comparación que ofrece la empresa es que, a la altura de reparto, suena como un coche que pasa; no publica el nivel en decibelios ni la altura exacta de esa medición.
El pedido no se entrega aterrizando, sino con un cabrestante: el dron se queda en el aire y baja la bolsa hasta el punto acordado, sea un patio, una entrada o una zona habilitada. DoorDash asegura que el sistema incluye varios mecanismos de seguridad y que, en situaciones poco frecuentes, puede bajar la propia aeronave al suelo de forma controlada.

La cifra de tiempo que dio DoorDash en las pruebas iniciales es de menos de cinco minutos de media entre el restaurante y la puerta del cliente. Es un dato de test, con muestras de distancia y tamaño limitadas, no una promesa para cada pedido.
Las cifras que DoorDash no publica
DoorDash afirma que alrededor del 80 % de los pedidos de restaurante habituales de su plataforma son lo bastante ligeros y pequeños como para que el dron los transporte. Es una estimación propia, extraída de su historial de pedidos, y no significa que ocho de cada diez pedidos vayan a poder volar: el clima, el alcance, la distancia y el contenido de cada pedido pesan en la decisión.
El problema para quien quiera planificar —y para quien viva bajo la ruta— es que la compañía no ha publicado ninguna cifra dura de capacidad. No hay peso de carga útil, ni alcance, ni velocidad de crucero, ni peso máximo al despegue. Solo un porcentaje sobre su propio negocio. Para comparar, en el reparto con Wing en Matthews (Carolina del Norte), los clientes de Lowe’s vuelan con un límite de unas 2,5 libras, alrededor de 1,1 kg por vuelo: un número que cualquiera puede usar para decidir qué pide.

Fabricación en San Francisco y qué cambia para el negocio
Los drones se ensamblan en San Francisco y, según Shih, usan en su mayoría componentes de origen nacional, dentro de un compromiso a largo plazo con la fabricación local. La aeronave no vive en las azoteas de los restaurantes, sino en «nidos» cercanos donde se recarga y espera.
La parte menos visible es, quizá, la más determinante. Los pedidos no se reparten desde una aplicación aparte: el dron entra en la misma Plataforma de Entrega Autónoma (ADP) que ya decide cuándo va un repartidor humano y cuándo el robot de acera Dot. El algoritmo pesa el clima, el alcance de vuelo y el tráfico antes de mandar un pedido por aire. El restaurante recibe el pedido en su tablet habitual, empaqueta y deja la bolsa en una báscula o punto de entrega; como DoorDash controla los datos del pedido, el sistema sabe cuándo está listo y hace coincidir la llegada del dron con el momento del empaquetado.
DoorDash aclara que esto no sustituye a los repartidores humanos, que seguirán atendiendo la gran mayoría de los pedidos. La ambición es una red en la que drones, robots y personas cubran lo que mejor se adapta a cada uno. Frente a la carrera de los drones de consumo, como el Antigravity A1 y su cámara 360, aquí el negocio no está en la calidad de imagen, sino en cuánto cuesta cada entrega y cuánta cobertura añade. Y eso, hoy, DoorDash no lo cifra.







