El Ayuntamiento de Sídney es la última administración local de Australia que ha prohibido las gafas inteligentes en determinados espacios públicos. La medida llega después de que el Gobierno federal anunciara que vetaría estos dispositivos en sus dependencias y coincide con una decisión separada de Australia Occidental, que ha extendido la restricción a los colegios. Lo que empezó como una advertencia sobre privacidad se está convirtiendo en un mapa de prohibiciones cada vez más denso, con las ciudades y las escuelas ocupando el hueco que deja la legislación nacional.
Sídney se suma al veto municipal a las gafas inteligentes
La jurisdicción del Ayuntamiento de Sídney abarca aproximadamente 240.000 residentes en el distrito financiero y los barrios interiores de la ciudad. Su norma se suma a las que ya aplican otros consistorios australianos, como el de Yarra, en Melbourne; el de Brisbane; y el de Canterbury-Bankstown, en las afueras de Sídney.
La prohibición alcanza a piscinas públicas, gimnasios, guarderías, bibliotecas y sedes municipales, y el ayuntamiento actualizará su señalización y sus indicaciones para aplicarla. Un portavoz del consistorio explicó a TechRadar que la política sobre dispositivos de grabación ya existía en las instalaciones acuáticas y que ahora se ha reforzado:
Existe una política en nuestras piscinas que cubre el uso de dispositivos de grabación, incluidas las gafas inteligentes. No se permite grabar sin consentimiento y los dispositivos de grabación están prohibidos en los vestuarios y otras zonas de nuestras instalaciones acuáticas.
El mismo portavoz añadió que las condiciones de entrada, publicadas en internet y mostradas en las pantallas de recepción, se han actualizado recientemente para reforzar la protección frente a las grabaciones no consentidas, con mención expresa a las gafas inteligentes. El personal actúa cuando detecta comportamientos contrarios a esas condiciones y los casos pueden escalarse a la policía si es necesario.
Australia Occidental las prohíbe también en los colegios
En un comunicado aparte, el Gobierno de Australia Occidental anunció que estudiantes, profesores, padres y contratistas tendrán prohibido llevar o guardar gafas inteligentes en los centros educativos a partir del inicio del próximo trimestre, el 12 de octubre.
La consejera de Educación del estado, Sabine Winton, defendió la medida como una cuestión de seguridad para alumnos y personal:
Esta prohibición responde a un enfoque preventivo y de sentido común. Sabemos que las gafas inteligentes son cada vez más accesibles y pueden tener un impacto negativo en la privacidad y el bienestar de las personas.
De las alertas por privacidad a la etiqueta de «gafas pervertidas»
Las gafas inteligentes se popularizaron con Meta y después han sido replicadas por otras marcas. En los últimos tiempos han recibido críticas por su potencial para el acoso y para grabar a personas en público sin su consentimiento, lo que en algunos círculos les ha valido el apodo de «gafas pervertidas».
Un estudio de la Universidad de Sídney, citado por TechRadar, analizó una muestra de 350 vídeos públicos de Instagram grabados con gafas inteligentes y concluyó que alrededor del 60 % podrían clasificarse potencialmente como acoso hacia una persona o un grupo de personas.
El fenómeno no es exclusivo de Australia. También se han introducido prohibiciones similares en el Reino Unido y Estados Unidos, donde estos dispositivos están vetados en tribunales de Inglaterra, Gales y el estado de Nueva York, además de estar prohibidos para los empleados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) estadounidense.
El concejal del Ayuntamiento de Sídney Matthew Thompson precisó que habrá excepciones para quienes usan las gafas como dispositivos de accesibilidad, incluidos los usuarios con pérdida de visión o de audición.
Presión para prohibir la importación y qué cambia para el usuario
Thompson ha ido más allá de la regulación municipal y ha pedido al Gobierno federal australiano que prohíba la importación de estas gafas hasta que se refuercen las leyes y los estándares de privacidad. En su intervención sostuvo que los dispositivos baratos ya están inundando el mercado y que la Administración central ha trasladado el problema a los ayuntamientos:
Los dispositivos wearables baratos, como las gafas inteligentes, ya están inundando el mercado. Pero en lugar de frenar este problema, el Gobierno federal laborista se lo ha endosado a los ayuntamientos para que lo resuelvan. Necesitamos prohibir la importación de estos dispositivos baratos e intrusivos hasta que haya protecciones de privacidad más sólidas y estándares claros aplicados a nivel nacional.
El origen de su moción fue explícito: «En el extranjero vemos a mujeres acosadas en público y grabadas sin su consentimiento. No queremos que ocurra aquí lo que está pasando en Estados Unidos».
Para el lector, el caso australiano marca una tendencia relevante: ante la falta de una ley nacional que aborde la grabación con gafas, son las ciudades, los centros educativos y las instalaciones públicas los que están fijando las reglas. Ese mosaico de normas locales —piscinas, gimnasios, colegios y sedes oficiales— es el precedente que probablemente citen otros mercados cuando decidan regular el dispositivo. Afecta a todo el segmento wearable, que va desde pulseras sin pantalla como la Garmin CIRQA hasta relojes, anillos y, por supuesto, las gafas con cámara: quien las use deberá acostumbrarse a consultar la señalización antes de entrar en determinados espacios.







