El Pentágono eligió el 5 de octubre los cuatro sistemas de energía dirigida que defenderán bases militares estadounidenses frente a drones durante el próximo año: tres láseres —de AeroVironment, Kord y Boeing— y un microondas de alta potencia, el Leonidas de Epirus. La selección alimenta el piloto que dirige la Joint Interagency Task Force 401 (JIATF 401), el grupo antidrón liderado por el Ejército, y que el Congreso ordenó en la Ley de Autorización de Defensa Nacional del año fiscal 2026.
Qué sistemas entran en el piloto antidrón
AeroVironment aporta su Palletized High-Energy Laser, la versión rodante del LOCUST que derribó drones desde la cubierta del USS George H.W. Bush en octubre de 2025. El Ejército se comprometió con la compañía en septiembre con un contrato de producción de 464,8 millones de dólares por el LOCUST X3, de 30 kilovatios. Kord, filial de KBR, presenta Firefly como un láser móvil y paletizado.
Boeing dijo en octubre de 2024 que su sistema de 5 kilovatios había derribado cerca de 500 drones en demostraciones —enjambres incluidos—, entre ellos aeronaves del Grupo 3 de hasta 1.320 libras (600 kilogramos) en el ejercicio Red Sands, en Arabia Saudí.
El cuarto elegido es el único microondas y el único concebido para desactivar un enjambre entero con un solo pulso. Epirus asegura que, en Camp Atterbury (Indiana), en agosto de 2025, su Leonidas desactivó los 61 drones a los que se enfrentó y cerró con un enjambre de 49 aparatos derribado de una sola descarga. El Ejército lo ha comprado dos veces, con un contrato de 66,1 millones de dólares en 2022 y otro de 43,5 millones en 2025.
Del coste por disparo a una lista de bases que no cuadra
El piloto existe para medir cuánto cuesta a una base poseer y operar energía dirigida: el comunicado del 5 de octubre enumera requisitos, costes y buenas prácticas como los datos que recogerá. El director de JIATF 401, el general de brigada del Ejército Matt Ross, ya ha puesto en duda la cifra con la que la industria vende estas armas.
Esa cifra es el precio de un disparo, que AeroVironment sitúa en 3 dólares para el LOCUST. Ross declaró a la prensa en agosto que la cuenta deja fuera el hardware. Al describir un sistema hipotético de 6 millones de dólares que dispara una vez al año, resumió: «no me puede decir que ese disparo cuesta solo 8 centavos».
La lista de bases es menos firme de lo que parece. En mayo la fuerza de tarea nombró cinco instalaciones: Fort Huachuca (Arizona), Fort Bliss (Texas), la Base Naval de Kitsap (Washington), la Base Aérea de Grand Forks (Dakota del Norte) y la Base Aérea de Whiteman (Misuri), donde las armas operarían durante 365 días. En agosto, responsables de la fuerza de tarea confirmaron a DefenseScoop las cinco, pero Defense News recoge que ese mes Ross mencionó cuatro: Grand Forks, Whiteman, la Base Conjunta Lewis-McChord (Washington) y, según creía, Fort Bliss. El comunicado de octubre no nombra ninguna instalación y JIATF 401 no aclaró a Defense News si las cinco siguen en pie. En diciembre habrá un ejercicio de tiro en Dugway Proving Ground (Utah) para probar más láseres y microondas; Ross ha dicho que los sistemas que rindan ahí pueden pasar directos a una orden de compra.
La seguridad de la FAA cubre un láser, no el microondas
La Administración Federal de Aviación (FAA) anunció el 10 de abril que una evaluación conjunta había concluido que «un sistema láser antidrón de alta energía» no suponía un riesgo indebido para la aviación comercial. AeroVironment precisó después que ese láser era su LOCUST. El comunicado del 5 de octubre no cita ninguna evaluación de la FAA para Kord, Boeing ni Epirus.
El Ejército desplegó ese LOCUST como AMP-HEL y, durante la prueba del 7 de marzo en White Sands, el sistema se apagó solo cuando una aeronave comercial con destino a Albuquerque entró en su ángulo de seguimiento. En febrero, un láser cerca de Fort Bliss disparó contra lo que resultaron ser globos de fiesta y la FAA cerró el espacio aéreo de El Paso; dos semanas después el mismo programa derribó un dron de Aduanas y Protección Fronteriza porque la agencia no había avisado al Pentágono de que estaba volando.
Un microondas plantea una pregunta distinta a la de un láser, porque su pulso cubre un área. Epirus califica ese pulso de bajo daño colateral y sostiene que Leonidas seleccionó uno de dos drones que volaban en paralelo en Camp Atterbury y luego derribó otro dentro de una zona segura definida por software. Ni la FAA ni JIATF 401 han publicado hasta dónde llega el pulso ni cómo se trazarán esas zonas en una base estadounidense.
Qué cambia con este piloto
El programa no es una compra en firme, sino una prueba de un año que debe responder a tres preguntas: cuánto cuesta, si el sistema es fiable en servicio y si puede convivir con el espacio aéreo civil. Ahí está el nudo. La Fase 3 del programa Drone Dominance del Pentágono compra drones de ataque a escala industrial; este piloto compra tiempo para comprobar si merece la pena defender una base con energía dirigida. DroneXL valora como acierto incluir un microondas, porque una base no puede combatir un enjambre haz a haz, pero advierte de que el papeleo no respalda del todo el discurso: la FAA evaluó un solo sistema y AeroVironment dice que era el suyo, así que, en su lectura, los otros tres —el microondas primero— necesitan su propia evaluación pública antes de encenderse en una base con vecinos civiles. El negocio antidrón, mientras tanto, se mueve también en el plano privado: la ronda de Echodyne y la compra de Fortem muestran que la detección es hoy el tramo más maduro del mercado.







