Comprar una consola de sobremesa hoy cuesta bastante más que hace un año, y las ventas lo están notando. Los datos de seguimiento minorista de Circana para Estados Unidos, con el acumulado del año hasta finales de agosto, dibujan la caída más severa del hardware de esta generación: tanto PlayStation como Xbox venden menos que el año pasado, y lo hacen en un momento en el que los precios de referencia han subido hasta los 800 dólares de la Series X y los 900 de la PS5 Pro.
Las cifras: la peor caída de la generación
El asesor de la industria de videojuegos de Circana, Mat Piscatella, compartió los números en su cuenta de Bluesky, y el diagnóstico es contundente en ambas plataformas:
- Las ventas de unidades de hardware de Xbox cayeron un 33 % interanual en EE. UU. en lo que va de 2026, su mínimo histórico desde el lanzamiento de la marca, hace casi 25 años.
- Las ventas de unidades de PlayStation bajaron un 25 %, su punto más bajo desde 2013, cuando muchos jugadores frenaron la compra a la espera de la llegada de la PS4.
From Circana’s US Retail Tracking Service: For 2026 YTD ending August, Xbox hardware unit sales are down 33% versus a year ago in the US, while PlayStation hardware units are 25% lower. Xbox YTD US hardware unit sales are at an all-time low, while PlayStation is at lowest point since 2013.
La lectura de Piscatella deja claro que no es un bache de una sola marca: las dos plataformas de sobremesa están en mínimos que no se veían en más de una década, y en el caso de Xbox en toda su historia.
El precio dejó de ser un punto de entrada
Durante generaciones, la consola fue bajando de precio a lo largo de sus años de vida: era el argumento que llevaba a muchos jugadores a esperar antes de dar el salto. Ese guion se ha roto. El titular de la propia información deja los precios actuales en su punto más incómodo: la Xbox Series X en 800 dólares y la PS5 Pro en 900, muy lejos de las cifras de lanzamiento de sus equivalentes de la generación anterior.
Para quien mira el gasto con calma, el problema no es solo el desembolso inicial. Una consola que sube de precio en lugar de bajarlo cambia el cálculo de toda la compra: encarece el acceso, pero también invita a preguntarse cuánto tiempo va a sostener ese precio frente a alternativas como el PC o el juego en la nube. La escalada ha coincidido, además, con un encarecimiento general de componentes y memoria que ya venía tensando el coste de otros productos.
Qué cambia para quien va a comprar
Con el hardware en mínimos y los precios al alza, la decisión de compra pesa más que nunca, y lo hace en favor de lo que no se ve en la caja. Lo que ata a un jugador a una plataforma a lo largo de la generación no es la ficha técnica, sino el catálogo, los servicios y la suscripción que ya tenga en marcha, más la retrocompatibilidad que le permita conservar lo comprado. La guerra de teraflops explica muy poco cuando la factura se acerca a los 900 dólares.
Para el jugador español, la foto de EE. UU. importa aunque el mercado local tenga sus propios precios: marca hacia dónde va la estrategia de las plataformas, que suelen replicar los movimientos. Y deja una pregunta abierta de cara a lo que queda de generación: si las consolas ya no abaratan el acceso con el tiempo, el argumento para comprar tendrá que venir cada vez más de los exclusivos y del soporte a largo plazo, no del papel de especificaciones.
En el corto plazo, la recomendación es la de siempre, pero con más motivo: revisar el catálogo y los servicios que realmente se van a usar antes de dejarse llevar por la promesa de potencia. Con estos precios, la consola que conviene es la que ya tenga los juegos que se quieren jugar.







