Meta planea lanzar una nueva gama de gafas inteligentes sin cámara en su próximo evento Connect, según un informe de The Information recogido por UploadVR. El movimiento no es una decisión de diseño aislada: llega después de meses de rechazo público a las gafas con cámara, con vetos en gimnasios, bares, tribunales y cruceros, y con un debate regulatorio que no deja de crecer. Conviene subrayarlo desde el principio: no es un anuncio oficial de la compañía, sino una filtración periodística.
Una gama de gafas sin cámara para esquivar la polémica
El informe sostiene que la nueva familia de gafas eliminaría por completo el sensor de imagen. Mantendría, en cambio, micrófonos y altavoces. El botón que hoy inicia una grabación pasaría a cumplir otra función: abrir una conversación con el asistente Meta AI o con Muse, el agente de inteligencia artificial que la empresa presentó recientemente. El detalle tiene una consecuencia lógica que el propio informe señala: sin cámara, la IA no puede ver lo que ve el usuario, lo que limita buena parte de su utilidad.
La misma filtración apunta a dos ventajas de producto. La primera es estética: prescindir del módulo de cámara permitiría unas patillas más finas y un diseño más parecido al de unas gafas convencionales. La segunda es económica: ese diseño más simple debería habilitar un precio de partida más bajo. Para quien busca comodidad, y también para quien quiere evitar el juicio social que arrastra llevar una cámara en la cara, ambas cosas pesan más que cualquier función avanzada.
El detonante: la cámara que no se ve, pero se teme
Las gafas inteligentes con cámara de Meta incorporan un LED blanco en el extremo de una de las patillas. Ese piloto parpadea al capturar una imagen y pulsa mientras se graba. En todos los modelos salvo las fallidas Ray-Ban Stories de 2021, el dispositivo deja de capturar si alguien tapa la luz, porque un sensor de luz ambiente lo detecta. El problema es otro: mucha gente no sabe siquiera que estas gafas llevan cámara, y a plena luz del día el LED pasa desapercibido. Eso ha permitido que algunos usuarios graben a terceros sin su consentimiento ni conocimiento.
A eso se suma un mercado de piezas y tutoriales para desmontar las gafas y eliminar el LED. Meta ha desplegado actualizaciones de firmware que desactivan la cámara cuando detecta que el indicador fue manipulado, pero es una carrera de gato y ratón. La compañía afirma que menos del 0,1 % de las gafas vendidas fueron alteradas; con más de 10 millones de unidades colocadas junto a su socio EssilorLuxottica, esa cifra equivaldría, aun así, a unas 10.000 unidades.
El rechazo se ha traducido en restricciones concretas. Varios gimnasios, entre ellos Planet Fitness, prohíben las gafas inteligentes en sus instalaciones con independencia de si graban o no. Bares, pubs y clubes de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá han vetado llevarlas puestas; el neoyorquino BASEMENT llega a prohibir incluso guardarlas en una mochila. Wetherspoons, la mayor cadena de pubs británica, no prohíbe las gafas, pero sí grabar a clientes o empleados sin permiso. Las navieras Royal Caribbean y Carnival las permiten a bordo y vedan su uso en casinos, aseos y vestuarios; MSC las prohíbe en todas las zonas públicas de sus barcos. Los tribunales de Inglaterra y Gales y varios sistemas judiciales estadounidenses, incluido el de Nueva York —que menciona expresamente las gafas graduadas—, exigen entregarlas en la entrada. La lista sigue con convenciones y festivales como DEF CON y Body Movements, colegios de Oslo, los exámenes SAT y la prohibición de llevarlas con el uniforme en la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
Parte de ese rechazo nace de una confusión: la idea de que estas gafas graban siempre. Es técnicamente imposible por límites de batería y disipación de calor. También de la falta de conocimiento sobre el LED de grabación. Por eso Meta ha lanzado una amplia campaña de comunicación, con vídeos y carteles, para explicar qué es esa luz blanca y cómo funciona. Y como telón de fondo, la gran mayoría de propietarios no usa las gafas con fines abusivos; el debate, en cualquier caso, ya no es solo técnico, sino sobre cómo convivir con un dispositivo que otros no pueden distinguir de unas gafas normales.
Qué cambia para el lector
Más allá de Meta, la noticia apunta a una tendencia que conviene seguir de cerca: la privacidad puede estar moldeando el hardware. Si la filtración se confirma, el catálogo de gafas inteligentes se dividiría en dos caminos, el de las gafas con cámara y el de las que renuncian a ella para resultar más discretas, ligeras y baratas. Para el comprador que nunca quiso una cámara apuntando al entorno, la segunda vía resuelve la mayor barrera de entrada, aunque a costa de perder las funciones de IA que dependen de ver.
Esa tensión entre utilidad y aceptación social ya se nota en el sector. Las gafas inteligentes concentran cerca del 85 % de los envíos de realidad extendida, y algunas aplicaciones intentan dar tranquilidad a quien se cruza con ellas: ZuckOff detecta por Bluetooth las gafas con cámara cercanas, con límites y matices que sus propios desarrolladores reconocen. En paralelo, la regulación se endurece. La ampliación de la prohibición de gafas inteligentes en Australia muestra que la discusión legal no es un caso aislado, y que un lanzamiento sin cámara podría leerse tanto como una respuesta comercial al consumidor como un gesto hacia los legisladores.
Un cambio aún sin confirmar
La información procede del citado informe de The Information, no de una comunicación oficial de Meta, y la compañía no ha confirmado ningún plan de lanzamiento sin cámara. El mismo informe apunta a que Meta podría mostrar en Connect 2026 su próxima generación de cascos con avatares Codec de cuerpo completo, otro de los anuncios que se esperan en el evento. Hasta que la compañía hable, todo esto debe leerse como lo que es: una filtración con un grado de detalle considerable, pero una filtración al fin y al cabo.







