Una red internacional compraba componentes de móviles usados, los limpiaba y los reempaquetaba para venderlos como terminales nuevos en Europa. La Fiscalía Europea (EPPO) investiga el caso bajo el nombre de operación Troy y calcula que el fraude ha causado daños superiores a los 300 millones de euros a los consumidores de la Unión.
La operación Troy: así se vendían móviles usados como nuevos
Según la investigación, la organización obtenía o reutilizaba componentes de smartphones usados, sobre todo en Hong Kong y Emiratos Árabes Unidos. Después los limpiaba, reacondicionaba y empaquetaba hasta parecer nuevos, entraba en Europa por los Países Bajos y almacenaba la mercancía en Alemania antes de distribuirla a través de tiendas online.
La operación se ha extendido por 19 países y ha requerido más de 160 registros, con la participación de 1.770 policías, agentes fiscales y funcionarios de aduanas. El resultado: siete detenidos. Los documentos de la investigación citados por medios alemanes apuntan a que el sistema funcionó durante varios años y que, en algunos periodos, entraban en Europa entre 10.000 y 20.000 móviles al mes. En total, se habrían vendido más de un millón de terminales bajo esta trama.
300 millones de daño y un fraude de IVA
El daño a los consumidores europeos supera los 300 millones de euros. A esa cifra se suma un presunto fraude fiscal: las pérdidas de IVA rebasan los 30 millones de euros en varios países, de los cuales al menos 24 millones corresponden solo a Alemania. El mecanismo habría explotado la tributación sobre el margen que se aplica a determinados productos de segunda mano y se habría apoyado en empresas pantalla repartidas por varios países europeos.
Para el comprador, la señal de alarma llegaba tarde. Los terminales parecían nuevos por fuera y uno de los vendedores tenía una valoración de 4,3 sobre 5 en Amazon. Los clientes descubrían el engaño cuando contactaban con el soporte y comprobaban que el identificador del teléfono no correspondía a un equipo sin usar.
Por qué importa a quien compra un reacondicionado
El fraude se apoya en un mercado que no deja de crecer. Según la GSMA, entre 2021 y 2023 las ventas de móviles nuevos cayeron un 15 %, mientras que las de usados y reacondicionados subieron alrededor de un 15 % en su informe de 2025. Los ciclos de renovación se han alargado hasta unos 3,5 años de media y una encuesta de Kantar para Recommerce publicada en 2026 sitúa en casi uno de cada cinco los smartphones en uso que son de segunda mano.

Ya no se trata de un nicho: operadores, fabricantes, grandes cadenas y marketplaces han incorporado los reacondicionados a sus catálogos. Eso abarata el acceso, pero también diluye las señales de calidad. Fijarse en la etiqueta de garantía legal de la UE que ya llega a las tiendas españolas, pedir factura y verificar el identificador del equipo antes de pagar son las comprobaciones que separan una compra de segunda mano razonable de un problema.
Un reacondicionado bien identificado y con garantía sigue siendo una forma sensata de ahorrar. Lo que no es aceptable es pagar precio de nuevo por un equipo que ya tuvo dueño: si la tienda no acredita el estado ni responde por el identificador, mejor no comprar.







