Rokid abre AIUI Studio a nivel global para crear agentes en sus gafas sin programar

Render de unas gafas Rokid con la interfaz de AIUI Studio superpuesta y el logotipo AIUI en el centro

Rokid ha puesto AIUI Studio a disposición de cualquier desarrollador del mundo. La herramienta, presentada este mes en IFA Berlin 2026, es una plataforma de desarrollo basada en el navegador para construir aplicaciones de IA espacial que se ejecutan en las Rokid AI Glasses, las gafas inteligentes de la compañía. Ya está disponible de forma global.

Se trata de un movimiento de ecosistema más que de hardware. Hasta ahora, programar para unas gafas inteligentes obligaba a dominar un kit de desarrollo propietario y, casi siempre, a disponer de una unidad física para probar. AIUI Studio cambia ambas cosas: todo ocurre en el navegador y el entorno incluye un simulador de hardware con el que crear y validar las aplicaciones sin tener las gafas delante.

Un ecosistema que quiere plantar cara a Meta

La cifra que mejor explica la apuesta de Rokid no es técnica, sino de comunidad: la compañía asegura que ya supera los 35.000 desarrolladores registrados y que su Agent Store reúne más de 500 agentes. En un mercado donde las gafas inteligentes han duplicado sus ventas y Meta concentra la mayor parte del negocio, construir una plataforma atractiva para terceros es la vía para no depender solo del atractivo del dispositivo.

También es una forma de responder a las dudas que arrastra la categoría. Las gafas con cámara han despertado recelos sobre la privacidad y ya existen herramientas para detectar gafas con cámara por Bluetooth; un ecosistema abierto de aplicaciones puede inclinar la balanza hacia usos de utilidad —accesibilidad, asistencia en el trabajo— en lugar del simple consumo.

AIUI Studio: crear con lenguaje natural y sin código

AIUI Studio integra el marco de trabajo AIUI Skills y la asistencia de AIUI Code. Según Rokid, esa combinación ayuda a los desarrolladores a optimizar sus creaciones reduciendo la latencia, el uso de memoria y el consumo de energía. Además, quien no programe puede dictar su idea en lenguaje natural y dejar que la plataforma construya la aplicación por él.

“Un ecosistema abierto de IA no debería dar solo acceso a modelos y aplicaciones, sino también la capacidad de crear a partir de las propias ideas y necesidades”, afirmó Ben Liu, responsable de Comunicación Global y Marca de Rokid. “Con AIUI Studio estamos bajando esa barrera y ayudando a más gente a convertir ideas en agentes que funcionan en gafas inteligentes”.

Público en el estand de Rokid durante IFA Berlin 2026

Europa y accesibilidad: el otro frente

Rokid también ha movido ficha en el terreno comercial. La compañía ha estrenado una web específica para Reino Unido y amplía su presencia digital en Europa, con presencia física en la tienda de Krys en París, en el Selfridges Tech Bar británico y en Coolblue para Alemania y el Benelux. Para el comprador español, la señal es clara: el fabricante está reforzando su distribución, aunque la lista no incluye de momento ningún canal en España.

En paralelo, la compañía destacó su vertiente de accesibilidad. En IFA Berlin 2026 fue invitada por la organización a ofrecer visitas guiadas para visitantes con discapacidad visual, con cuatro grupos y más de 60 participantes. Las Rokid Glasses incluyen una función de reconocimiento de objetos y del entorno que ayuda a las personas con discapacidad visual a ser más conscientes de lo que les rodea. Es un uso que aleja a las gafas del debate sobre la vigilancia y las acerca a un terreno mucho más defendible.

Qué cambia para ti

Por ahora, AIUI Studio es una herramienta para desarrolladores, no una función de consumo. Pero importa al usuario final: si la plataforma logra atraer a suficientes creadores, las gafas de Rokid tendrán más aplicaciones útiles y dejarán de ser un accesorio con funciones limitadas. En un mercado que crece pero sigue bajo el control de Meta, la competencia por el ecosistema es la que acaba decidiendo qué modelo de gafas inteligentes llega antes a nuestras vidas. Y conviene recordar que esa carrera también se juega en el terreno normativo: países como Australia ya expanden sus restricciones a las gafas inteligentes.

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